
Para quienes realmente nos sentimos identificados con un equipo, historia, e institución deportiva, se nos hace complicado entender ciertos comportamientos poco consecuentes –en referencia a lo expresado- por parte de algunos ex–compañeros de Kidmandú. Un día hablan de sentimientos, y al otro son capaces de defender los colores de otros equipos, inclusive, y lo realmente doloroso de esta situación, aceptando la opción de que en un momento determinado se pueda enfrentar a quien fuese “el equipo de sus amores”.
Sin temor al error, se considera que el análisis converge en algo más profundo, puesto que la relación de estas decisiones –inesperadas en su mayoría- se liga directamente a un tema de identidad, o más bien, a la falta de la misma. Poco originales, influenciables y acostumbrados a vivir a la sombra de otras determinaciones, ideologías y representaciones, son los caracteres que dejan entrever todos los traidores y volteados que han abandonado al club con la más linda y singular historia de la Escuela de Periodismo.
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Kidmandú Fútbol Club, institución que campeonato a campeonato pelea cosas importantes, en su corta pero arrasadora historia, los triunfos épicos, goleadas, y pocas pero tristes derrotas, han cultivado y nutrido el espíritu y mística de una gran institución. Singular filosofía administrativa, donde la jerarquización de poder y liderato no existe. Desde el último hincha, hasta al capitán del equipo, todos tienen la posibilidad de participar, opinar, compartir y sentirse parte de este gran equipo. No hay un Dios, ni alguien a quién imitar, es la propia singularidad de cada personaje la que sustenta la riqueza de este grupo, eso explica por ejemplo, que simples individuos con barba pasen del anonimato, a la cima del mundo; o ese hincha silencioso, que ni siquiera se ve en las aulas, sea considerado un Semi-Dios.
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Es eso lo que cuesta entender, tanta belleza al frente de sus ojos, gran obsequio les dio la vida, y aún así no lograron verlo. No valoraron lo que les correspondía disfrutar. Kidmandú cobija a todos los de su generación, invita a participar del deporte y la competencia, les asegura más éxitos que fracasos, felicidad a cambio de incondicionalidad, ¿Y como han pagado algunos?, emigrando a otros equipos que no han sabido vivir de esta identidad generacional, que sólo buscan ganar a cambio de nada, ni siquiera porque harán feliz a un hincha, pues de verdad que nadie más tiene barra. Kidmandú Fútbol Club no busca ganar a toda costa, sólo pretende unir la tendencia bajo una misma identificación. Se ha demostrado, todos tienen derecho a jugar, pero claro, algunos que buscan protagonismo, que no pueden convivir y crear si no es a solas, que buscan ser valorados por lo que sólo ellos pueden dar, y que no entienden que en conjunto las cosas pueden ser aún mejores que las propias expectativas que personalmente se puedan plantear, creen que tomando otros caminos, serán valorados y queridos por individuos que ni siquiera conocen, y a quienes sólo confían su admiración, por querer ganar algo a cambio de la vergonzosa decisión.

Este mensaje no tan sólo va para esos hinchas y/o jugadores que apoyaron y defendieron la camiseta de Kidmandú en un momento determinado (y que ahora lo hacen en otras instituciones), sino que además, intenta tocar la mente, de aquellos que ni siquiera intentaron identificarse con la institución: Goño, nos engañó a todos con su avance de la película Kidmandú, para que pocas semanas después, nos dejara votados sin ninguna explicación; Manolo, quién se autodenominara hincha número uno y fundador de The Badulakes, no soportó la atención que se ha generado en torno a Tato (a quién odia con toda su alma), y pretende llamar la atención jugando en otras mierdas; Feña y Gonzalo: Abandonaron la institución a principio de torneo, aunque aseguran estar tranquilos y felices, bien es sabido que en el fondo de su corazón, quisieran ser jugadores de K.F.C.; Luis Tabilo: Uno de los primeros en emigrar, quién en su momento confesó amar a la institución, y quién hoy promulga devoción por otros colores; Y algunas minas, que no tan sólo se rindieron tras perder sucesivamente defendiendo los colores de Kidmangirls, sino que además buscaron otros horizontes, en tierras que supuestamente representaban enemistad.
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